Entrevista a la escritora, poetisa, filósofa y pintora Ela Urriola

17.08.2019 12:16
 
 
 
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Ela Urriola (nació en Panamá en 1971). Es escritora, poeta, pintora y profesora de
filosofía. Obtuvo un Doctorado en Filosofía Sistemática en la Karlová Univerzita, Praga.
Dicta las cátedras de Estética en la Facultad de Bellas artes en licenciatura y maestría, y
Filosofía, Ética, Bioética y Derechos Humanos en la Facultad de Humanidades. Es
miembro del Comité de Bioética de la Universidad de Panamá. 
Ha participado en innumerables recitales y homenajes a poetas latinoamericanos y
europeos, y en “disertaciones sobre literatura y exilio, siendo este un tema importante que
marcó su vida”. Ha publicado artículos sobre arte, filosofía y ética en revistas
especializadas y diarios nacionales e internacionales. Ha sido antologada en diferentes
publicaciones y ha colaborado en diversas antologías poéticas y de narrativa. Sus
poemas han sido traducidos al inglés, portugués y checo.
 
 
¿Cómo describe la influencia de sus padres en su vida literaria y artística?
 
Ela: - La psicopedagogía ha demostrado la importante influencia que tiene la dimensión
afectiva y creativa en la infancia. Desde mi experiencia puedo constatar que, a pesar de
las vicisitudes del entorno –y digo esto porque mi infancia transcurre en otro país, durante
el exilio al que fue sometido mi padre, con todas las carencias que ello pueda implicar-, si
un niño encuentra en su hogar amor e incentivos creativos, es muy probable que su
confianza en el mundo sea mucho más fuerte. Y crear significa asumir nuestra
responsabilidad de estar en el mundo. La libertad y la autoestima, el respeto y la
capacidad creativa se empiezan a cultivar en la formación primera, en la infancia. El
espacio y la reflexión que permite la creatividad, esto es, los puentes entre lo escrito y
quien lo lee, la inevitable conexión entre el espectador y la obra, Si somos capaces de
empatía mediante la obra (cualquiera sea su naturaleza) entonces somos capaces de
comunicar sentimientos, valores y juicios acerca del mundo que habitamos. Sí,
definitivamente debo agradecer a mis padres y me siento comprometida a hacer un
llamado a nuestros gobernantes para que se garantice el bienestar social y la cultura, de
manera que tengamos mejores ciudadanos: ciudadanos libres y, en la medida de lo
posible, felices.
 
¿De qué manera los padres pueden ayudarles a sus hijos, a descubrir sus talentos
en esta era tecnológica?
 
Todo talento se descubre mediante el contacto y la comunicación. En estos tiempos
donde la tecnología es omnipresente la comunicación se suplanta con información
temporal y el contacto humano con “likes”. Por supuesto, existen programas y plataformas
de orientación didáctica, y esto es maravilloso, pero no cabe duda de que la máquina
(todavía) no puede sustituir al humano. Y esto resulta válido tanto en la esfera creativa
como educativa y laboral. Los padres deben estar cerca del crecimiento integral de sus
hijos y no deben limitarse en alentar destrezas sino que deben participar de la formación
de un pensamiento crítico y creativo de sus hijos. La tecnología debe ser siempre una
herramienta que fortalezca las mentes no que las uniforme.
 
¿Qué descubrió primero el arte de las letras, o pintura? ¿Cuántos años tenía
cuando despertaron sus talentos?
 
Es probable que ese encuentro llegó al unísono. Mis padres nos cantaban en casa, nos
dibujan y nos leían cuentos, de manera que crecimos en medio de diferentes formas
expresivas. Ellos son educadores, y como educadores es posible que su pasión y sus
conocimientos contribuyeron a esa relación que establecí con la literatura y la pintura. Si
pudiera precisar cuándo ocurrió, me remontaría a esas páginas que aún atesora mi
madre, cuando yo me inventaba historias a los tres años y las ilustraba. O, por ejemplo,
cuando les hacía tarjetas con motivo de los cumpleaños y escribía algunos intentos de
versos, esmerándome mucho en confeccionar las imágenes de las portadas. Pero lo más
divertido era cuando –para los días de la Madre o cumpleaños- yo hurgaba entre los
collares de cuentas de mi madre, y luego los deshacía para rehacerlos, con nuevas
formas y diseños, de un solo collar era capaz de confeccionar aretes, pulseras y
brazaletes. Ahora que lo pienso no debió haber sido muy divertido para ella, pero los
aceptaba con una sonrisa y yo a mis siete u ocho años me sentía realmente feliz de
haberle podido hacer un regalo.
 
¿Qué tal se desarrolla la producción literaria contemporánea, de las mujeres
jóvenes de Panamá?
 
Una variedad de estilos y voces se escuchan en el Panamá de hoy. Chicas que estudian
o trabajan, o que apenas están terminando la escuela, encuentran en la literatura una
posibilidad expresiva donde confluyen intereses y problemas propios del mundo actual.
Esto resulta muy interesante porque si la sociedad hace oídos sordos de lo que preocupa
a los jóvenes, la literatura siempre estará allí para elevar esa voz. Así, tópicos como el
bullying, el acoso, el ciber acoso, los derechos humanos, la política, la visión del presente
y del futuro, pero también las experiencias amorosas y las ilusiones, son llevadas al papel
por jóvenes panameñas que ahora se hacen escuchar, sea participando en antologías,
escribiendo sus libros o compartiendo estas expresiones en las diversas plataformas y
medios digitales. Es muy importante que nuestros jóvenes se cultiven, conozcan los
escritores nacionales, los clásicos, se interesen en el mundo que habitan, sean críticos del
entorno y, por supuesto, se dispongan a compartir sus vivencias. Y estoy doblemente feliz
si se trata de jóvenes panameñas.
 
¿Qué representa para usted ser partícipe de la XV Feria Internacional del Libro de
Panamá 2019? ¿Cuántos libros presentará?
 
Es una cita muy feliz con la literatura, con colegas nacionales e internacionales. Y es muy
especial este año porque estoy presentando dos libros, uno de ellos premiado con nuestro
máximo galardón para la poesía. Pero lo que más me ilusiona es el intercambio con
nuevos lectores, con la gente joven y entusiasta que, a fin de cuentas, es el futuro de
nuestro país. Sin ellos, el panorama sería muy gris: necesitamos una sociedad crítica y
creativa para no perder el rumbo, y no solo en Panamá, sino en el mundo entero; una
juventud preparada para asumir los retos generacionales con el planeta, con la violencia,
la miseria y las diferentes formas de alienación.
 
Su poemario, “El vértigo de los Ángeles” lo presentará en la Feria, ¿Puede
recordarme el día y la hora?
 
Públicamente agradezco por haberme obsequiado
este magnífico ejemplar, he disfrutado muchísimo de su lectura.
Gracias a ti, Carlos, por tu compromiso con la cultura y la sociedad. Haces un trabajo
excelente.
El vértigo de los ángeles se presenta el día sábado 17 de agosto, en el Salón Bejuco-
Chocoe del Centro de Convenciones Atlapa, de 1:00-1:50 pm. Es un honor para mí que lo
presenta la poeta Lucía Alfaro, poeta costarricense, una mujer comprometida con los
ideales y la palabra, pero también con la acción.
 
“La voz sin nombre”, (El niño de Granada), del poemario El Vértigo de los Ángeles.
¿Qué le inspiró y cuándo escribió este poema?
 
Ese poema lo escribí en Granada, Nicaragua. En medio de actividades literarias y
leyendo las noticias, pero sobre todo con los ojos bien abiertos donde entraba
dolorosamente la desigualdad, me senté en un parque y no paré hasta escribirlo. El niño
de Granada puedes ser tú, querido Carlos, con toda esa lucha y esos ideales que te han
llevado a buscar -en otra parte, lejos de tu patria- la posibilidad de existir. El niño de
Granada es, al mismo tiempo, todos los niños del mundo, niños olvidados por los adultos,
vulnerables e incapaces de entender este olvido. La voz sin nombre (El niño de Granada
es el subtítulo) es un poema en el cual aspiro a darle sonido y palabras a esas voces.
Debemos mirar hacia los niños o no podremos ni imaginar el futuro.
 
¿Cuándo escribe o pinta, escucha música o está en silencio?
 
Me gusta pintar y escribir con música. Pero la verdad es que la inspiración no siempre
llega en el momento en que uno decide cómo materializarla, así que a veces escribo en
una cafetería, en un tranque, en medio de un evento... Pero lo ideal es que escriba o pinte
en la noche, con mi música favorita.
 
¿Abordas los mismo temas en poesía y narrativa? ¿A cuál género literario le
entrega más tiempo?
 
El género lo decide por mí. Es tan arbitrario esto de los modos expresivos, ellos se
apropian de uno, poco o nada decide mi conciencia: a veces llega una imagen para un
cuadro, a veces una palabra para el pie de un poema, otras veces leyendo las noticias la
única manera de sacudirme el asco de la realidad es escribiendo una historia, un cuento.
 
En el poemario “La nieve sobre la arena”, ¿Cuál es la temática de mayor énfasis?
¿Háblame un poco de su portada?
 
Es una travesía experimental donde se intercalan los afectos, la memoria, las historias de
otros que alguna vez me contaron, la temática erótica, la vivencia personal entre otros.
Conocí primero la nieve que la arena del mar, de ahí el título. Luego el formato es libre,
nada conservador. La portada del libro es un óleo que se llama El abrazo, y lo pinté
después de una ruptura. Allí hay un poema a mi abuela, a quien quise mucho. Y también
hay otros poemas sobre la búsqueda, en general, que puede significar tantas cosas,
dependiendo del lector.
 
¿Cuál es el tema central del libro “La edad de la rosa”? ¿en quién está inspirado?,
¿Por qué este nombre?
 
El tema central de La edad de la rosa es, precisamente, acercar el trabajo, la vida y la
capacidad creadora, pero también el sufrimiento y el abismo de grandes mujeres de la
poesía y el arte universal. El resultado es un libro que pone a hablar a más de quince
mujeres: cada poema es la voz, el grito, la furia, el dolor, pero también el placer y la
reivindicación de los sueños de magníficas guerreras de la palabra y el pincel.
En La edad de la rosa el proceso creativo y las motivaciones fueron distintas al poemario
anterior. Para mí era importante reinventarme en un lenguaje poético que alcanzara a
transmitir la fortaleza y la vulnerabilidad de la mujer creadora en relación a su tiempo.
Partiendo de una búsqueda en el lenguaje que me permitiera liberar su esencia en
sociedades que, por las estructuras socio-políticas, pudiesen aplastar a la mujer que
piensa, pinta, escribe y escribe lo que piensa o siente, me encontré con las
particularidades de esas sociedades y culturas; era, pues, imprescindible establecer esa
relación: la de la identidad de una sociedad, sin olvidar la identidad de una mujer. Utilicé la
rosa por la carga simbólica que conlleva, y en los apartados del libro el lector se
encontrará con las partes de la flor que se va desmembrando, conforme develamos la luz
creadora de cada mujer que le da nombre al poema: gineceo, carpelos, anteras. Dado
que las escritoras y artistas que inspiraron mi trabajo provienen de sociedades y creencias
disímiles, me embarqué en una investigación que me llevó a comprender la belleza de un
huipil, la cadencia lunfarda o la dulzura de una cumanana peruana. Estas son, grosso
modo, algunas pinceladas de este nuevo libro: La edad de la rosa.
 
De todos sus libros publicados ¿Con cuál se identifica más? ¿Por qué?
 
Todos representan la forma en que el mundo me tocó en el momento que los escribí, por
eso no me atrevería a decir que hay uno en específico con el que me identifico más. Pero
debo confesar que La edad de la rosa es un libro que me hace particularmente feliz, por lo
complejo que fue el proceso de investigación que le antecedió (investigar biografías,
idiosincrasias, culturas de estas mujeres a quien está dedicado), pero también por el
propósito de visibilizar a la mujer creativa, la época, las vicisitudes cotidianas que la
ponen en desventaja, por ejemplo, con sus pares masculinos creadores, ya sea pintores o
escritores. En la portada de este libro aparezco con un vestido que perteneció a mi madre
cuando ella tenía diecinueve años, y es un vestido similar a uno que vi en una fotografía
de Sylvia Plath. Esta imagen es, de alguna manera, un homenaje a mi madre, una mujer
que, gracias a sus sacrificios y tenacidad, me ha permitido ir en pos de mis sueños.
 
¿Qué significa para usted haber ganado en 2014 y 2018, el Premio Nacional de
literatura Ricardo Miró?
 
Este doble premio nacional significa retos y aprendizaje. Un premio (o dos) no lo hace a
uno mejor escritor o escritora, pero propone una revisión de objetivos y metas, de
autocrítica y de respaldo al trabajo realizado. Estoy muy agradecida con mis lectores y
prometo seguir sorprendiendo.
 
¿Cuál será su próximo libro a publicar?
 
Están en proceso de publicación dos libros de ensayos, esta vez de mi especialidad:
Bioética y Estética. Espero publicar la segunda parte de La edad de la rosa, con otro
título, por supuesto, pero siguiendo la temática de la mujer creadora. Este nuevo
poemario incluirá otros nombres, como las maravillosas escritoras y pintoras
centroamericanas; realmente hay muchos proyectos por delante, muchos temas que
debemos retomar, como el que a corto plazo quisiera hacer público: la literatura
panameña de los años sesenta y setenta. Acabamos de hacer una colaboración con unos
escritores en una investigación que se fusionó en un video y seguramente esperamos
llevarla a otro formato. Seguro te haré llegar la primicia, Carlos.
 
entrevista: poeta y articulista Carlos Jarquin
 


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